Spiga

Miley Cyrus y su conocimiento de la historia

"Sí. Yo soy una de las fans de Brad y Angelina, por supuesto. Así que, Angelina es como, mi persona favorita de toda la Historia, así que definitivamente quiero verla"...

Concierto de Coldplay en Mountain View

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A pesar de que Chris Martin se refirió en varias ocasiones a San Francisco, en realidad ayer, de nueve a once de la noche, la banda que lidera y él mismo se encontraban a un puñado de millas al sur de Frisco. El Shoreline Amphitheatre de Mountain View, justo detrás de las oficinas de Google, fue el escenario del concierto de los brits.

Para alguien que viene de Europa -supongo que de cualquier parte fuera de EE. UU.- lo primero que llama la atención son los accesos al recinto: concesionarios de artículos de todo tipo; nada de las improvisadas mesas de camping de allá en las que se venden camisetas de los artistas por un ojo de la cara. Luego, el escenario está rodeado de... asientos; nada de arremolinarse y empujarse para intentar ser salpicado por una gota de sudor de los ídolos; más arriba, la plebe con sus entradas de 40 dólares -¿cuándo fue la última vez que en Madrid se pagaron 35 euros por un concierto así? ¿los Beatles?- eso sí, mucho espacio para moverse, el suficiente como para tender mantas sobre el suelo y disfrutar de un picnic antes de la ceremonia. Lo juro: te dejan entrar con sillas y venden latas de cerveza. El vandalismo les es ajeno.

Otra diferencia: los altavoces, la acústica o qué se yo, permitieron tener y escuchar conversaciones empleando un tono de voz normal; nada de volver a casa con los oídos zumbando aunque el espectáculo se resiente. Seguramente exista alguna ley estatal que limite el nivel de los decibelios. El público, el más tranquilo que me haya echado a la cara; hubo gente que se tumbó sobre sus mantas durante el concierto: permanecer de pie era mucho esfuerzo; quizás muchos de los espectadores eran gente "guapa" de las grandes empresas de Silicon Valley, cuyo mayor esfuerzo diario consiste en levantarse a por la soda y el "snack" del tenderete de la esquina, levantado por la empresa en una esquina para hacerles la vida más llevadera y, de paso, conseguir que se queden amarrados a la silla un rato más.

El concierto en sí: de coña, sin más. Homenaje a Michael Jackson con Billy Jean y el repertorio esperado. Al final, la gente no dice lo de "otra, otra"; se arma un poco de ruído y el pacto "se sella" con un par de canciones. A la salida, regalo: CD con nueve canciones para todos los asistentes. Eso es enrrollarse con tu clientela y no lo de la SGAE.

Seguimos con Jacko

Mientras Michael Jackson se lo pasa pipa con Elvis, Larry King no deja en paz al personal.  Lleva ya con Jacko lo que se antoja una eternidad y lo que nos queda... Pero lo de King no es sino la punta del... iceberg. La televisión estadounidense no tiene otro tema; está visto que cuando agarran uno no paran, hasta que llega el siguiente.

Desde que "el rey" nos dejó hemos visto a su fantasma pasearse por una grabación de CBS, se ha hablado de que su médico -uno de ellos- se había ido a Tegucigalpa, que si se ha suicidado o si le han asesinado, que si todo es un montaje para resucitar pasado mañana y forrarse otra vez... Todo aderezado con almibarados comentarios de media farándula: parece que medio país había ido a Neverland a ver películas y a comer palomitas.

Mientras, el negocio sigue: camisetas, discos, libros, películas... Se nos promete una auténtica inundación jacksoniana.

Y como aquí no queremos ser menos que Larry, aquí va "Michael Jackson - Living whit Michael Jackson" con subitulos en español. A ver si descubren cuál era el verdadero problema de Michael Jackson.





Las opiniones son como los culos. Cada uno tiene el suyo. Clint Eastwood

United Breaks Guitars

A servidor le gustaría saber tocar y cantar como Sons of Maxwell para poner en su sitio a empresas como United Airlines; a compañías que tratan al cliente como a la mierda mal. Antes de dar paso al vídeo musical -muy divertido- resumimos la historia: los componentes del grupo pudieron ver desde la ventanilla de su avión como los encargados de equipajes de United se dedicaban al conocido y noble deporte de lanzamiento de maletas. El problema, en este caso, fue que entre el equipaje estaba el equipo de la banda. Resultado: una guitarra destrozada. Las reclamaciones, como casi siempre, no dieron ningún resultado y a los músicos no les quedó otra que ejercer la crítica social como aquellos bardos del medioevo.

Dentro vídeo:






Vía I Enrique Dans

Las opiniones son como los culos. Cada uno tiene el suyo. Clint Eastwood

Street Fight (documental)

Las elecciones en Estados Unidos son otra cosa. Aquí es posible ver que individuos capaces de armar un pequeño equipo puedan hacer frente a poderes fácticos. Luego llega el problema de conseguir dinero para la campaña. Porque aquí, los presupuestos de las campañas no salen del bolsillo del contribuyente, de los impuestos de todos. Claro que esto tiene una segunda parte: aquellos candidatos elegidos que a los que no les basta con intentar cumplir su programa electoral -también los hay con mala memoria- sino que entienden que deben devolver el favor a los contribuidores a su campaña y empiezan a repartir contratos y prebendas una vez instalados en la poltrona.

En Street Fight -un documental nominado al Oscar; eso, por si solo, tampoco quiere decir mucho- se puede ver la lucha de Cory Booker -el actual alcalde de Newark; la ciudad en la que está el aeropuerto al que llegan los vuelos de Continental desde Madrid- por conseguir la alcaldía de su ciudad en contra del alcalde titular, un tal James al que se nos pinta -y él solo se bata para demostrarlo- como un tipo no muy de fiar. Al final, Booker se queda con la piel en los labios pero promete seguir en la lucha (cuatro años después conseguirá su objetivo).

En el documental se puede ver como lo de traer a gente de fuera en autobuses para llenar mítines o para dar la nota a favor del candidato de turno -James- no es un deporte únicamente español; en uno de mis momentos favoritos, a James se le llena la boca diciendo que sus muchachos son todos voluntarios.

La demagogia o los ataques personales tomados por los pelos también están a la orden del día: el viejo James -negro- acusa a Cory Booker -negro pero de piel clara- de ser un republicano blanco -ambos candidatos son demócratas- y es que lo del racismo es algo que no va sólo en una sola dirección y, por lo visto, que un hermano te llame "blanco" es uno de los peores insultos que un negro puede recibir, sobre todo si es un candidato. Golpes bajos.