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19 ago. 2008

Sicko, de Michael Moore

Michael Moore es un genio. Sin discusión. El orondo cineasta me lo ha vuelto a demostrar con Sicko y es que el tío es capaz de montárselo de tal manera que, al final, tienes que pensar dos veces lo que has visto para ser consciente de los artificios que ha colocado tras el argumento y el montaje.

Por ejemplo, toda la historia del hospital y los bomberos en La Habana no se le puede ocurrir a nadie más que a él. Por más de que los médicos cubanos puedan tener una formación de primera habría que ver el trato que les dan a los cubanitos de a pie, que en muchos casos, no podrían ni costearse los céntimos que valen, supuestamente, todas las medicinas.


O lo de la visita a Inglaterra y a Francia. Me parto de la risa. Con lo suyos que son los sindicatos de allí a los individuos que fueron entrevistados en la película se lo van a hacer pagar.

Ahora, eso sí, que ponerse enfermo en Estados Unidos es una putada mayor que en otros sitios y puede suponer la ruina económica por mucho seguro de salud que se tenga -gracias al puto copaid- es algo de lo que puedo dar fe.

Por cierto, Michael Moore se debería hacer una revisión médica por que, al paso que va, va a probar en sus propias carnes el sistema de salud gringo. ¡Que da lástima verle, joder!

A mí donde me gustaría vivir es en Vancouver. Los canadienses lo tienen mucho mejor montado.

Un poeta es alguien que calla. Hugo Mújica

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