6 ene. 2014

Amazon rocks!


Antes de Navidad realicé una compra a través de Amazon. Era un regalo que me costó dieciséis dólares. No me leí bien la descripción del producto: creía que estaba comprando un pijama y sólo era parte, la de arriba (sí, tenía que haber pensado que estaba demasiado tirado de precio).

Hoy me he puesto a devolverlo y me encuentro que no necesito hacerlo y que me devolverán el dinero (ver imagen de arriba). Supongo que Amazon calcula que por debajo de ciertas cantidades no le sale muy a cuenta (quizás incluso pierda dinero) gestionar el proceso de devolución. Además, a eso le suma el hecho de que el cliente -el menda- estará todavía más contento con la empresa.

Ahora que escribo esto, recuerdo que hace un par de semanas vi una oferta para un Kindle de 6 pulgadas por 49 dólares (en vez de los 69 que suele costar). Lo quise comprar las diez de la noche, hora de California, pero el precio ya era, otra vez, de 69 dólares (aunque habían dejado un pequeño banner con la oferta). Escribí al servicio al cliente comentando el problema y me respetaron el precio de la oferta.

Todavía hay empresas que valoran el servicio al cliente.

Las opiniones son como los culos. Cada uno tiene el suyo. Clint Eastwood

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