2 jul. 2010

Ciclistas que fuckean

San Francisco no es la ciudad verde, orgánica y guay que nos han intentado vender muchas veces. De aquellos hippies de los años sesenta apenas quedan unos cuantos deshechos humanos que se arrastran por la ciudad y algunas escondidas -vaya usted a saber por qué- tiendas de marihuana medicinal, vamos maría para enfermos. La gente que aquí habita tiene la misma mala hostia o el mismo buen rollo que en cualquier otro lugar de este megapaís.

La minidisertación de arriba viene a cuenta al nuevo episodio del diario enfrentamiento entre ciclistas y conductores del que he sido espectador esta mañana (ayer vi a un ciclista estar a punto de ser hecho papilla por un coche -el conductor consiguió esquivar al émulo de Induráin- pero ésa es otra historia).

El semáforo se pone en rojo, el ciclista se para, se vuelve y empieza a fuckesto, fucklootro, fuckyuear mientras gesticula hacia el coche de atrás. El fuckeo duró lo que tardó el semáforo en ponerse verde. Luego el hooligan ciclista se iría con su retórica a otra parte. Quizás a una unidad de rehabilitación neuronal que aquí parecen auténticos clubes ciclistas; la ciudad no está preparada para las bicis, ni ciertas cabezas tampoco.

Las opiniones son como los culos. Cada uno tiene el suyo. Clint Eastwood

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