8 jun. 2008

¿Hacia dónde va Google?

El pasado jueves 29 de mayo, en la conferencia de desarrolladores de Google celebrada en el Moscone Center de San Francisco vimos un espectáculo solamente comparable al ritual anual del MacWorld, que se celebra anualmente, en el mismo escenario, cada mes de enero. En el caso de Google la media de edad era sensiblemente más baja que la del público que acude a la ceremonia de Steve Jobs, y es que Apple, a pesar de su imagen de empresa novísima, ya tiene unos cuantos años a sus espaldas.

Más allá de las toneladas de comida, los billares, los futbolines, o los masajes gratis que los asistentes pudimos disfrutar en el Moscone -todo ello a imagen y semejanza de lo que nos podemos encontrar cuando visitamos alguna de las sedes de Google- la organización fue perfecta, y al parecer los desarrolladores salieron bastante contentos de lo que allí pudieron ver y escuchar.

Google, en apenas una decena de años -los cumplirá el próximo septiembre-, ha tocado el cielo cibernético. Prácticamente se ha convertido en "dueño" de Internet y ha dejado un escaso margen de maniobra a sus competidores. En consecuencia, las acusaciones de monopolio, o de estar en posesión de demasiada información y, lo que es peor, de usarla para vaya usted a saber qué malvados propósitos, ya llevan tiempo arreciando.

Como usuarios y/o profesionales de la red, nos debemos preguntar si la omnipresencia del gigante de Mountain View es, o no, beneficiosa. La gratuidad de los múltiples servicios que ofrece Google al común de los mortales se basa en los beneficios económicos derivados de la explotación de la publicidad asociada a tales servicios. En Internet tampoco nada es gratis. Es precisamente el tema de la publicidad es el que puede acabar siendo el talón de Aquiles del gigante.

El primer negocio, y la base del imperio, de Google fue su buscador que, en poco tiempo, se convirtió en el ingenio que hizo la vida más fácil a los internautas. Pues bien, el buscador de Google está perdiendo, cada vez más, su carácter "infalible" debido a la gestión por parte de la empresa de los enlaces patrocinados (Google AdWords) que parece dar predominancia en los resultados de las búsquedas al que antes ha pasado por caja. Otro problema, derivado de la necesidad de que cualquier página web aparezca en los resultados de Google, es que los profesionales que trabajan en el posicionamiento web prácticamente dedican su jornada laboral a "engañar" al buscador -si no estás en Google no existes en la red- y los resultados, claro está, se vuelven a ver afectados.

La otra cuestión que puede acabar suponiendo un quebradero de cabeza es el de las adquisiciones. No comprar la última empresa que saca algún producto nuevo y diferente parece ser el mayor de los pecados que pueden cometer Microsoft, Yahoo! o el mismo G. En esta carrera por conseguir la última perla virtual parece que nuevamente se destaca la empresa de Brin y Page. Pocas presas se les han escapado. Pero las dudas surgen cuando vemos cómo se gestionan esas adquisiciones, o cómo se lleva la cada vez más elitista gestión de los recursos humanos. Google puede ser un monstruo con demasiadas cabezas. Una nueva Microsoft a la que convertir en el centro de nuestros odios virtuales.

Publicado en Diario de América

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