7 sept. 2007

En la Seguridad Social

Parece que en todas partes cuecen habas y ni siquiera en la Tierra Prometida las cosas funcionan como debieran.

Para trabajar en Estados Unidos es necesario disponer de un número de la Seguridad Social, único e intransferible. Como no lo había recibido todavía, a pesar de haber transcurrido el plazo de tres semanas prometido, me dirigí a la oficina de Valencia Street, donde me resultó curioso comprobar la composición racial del grupo que allí esperábamos a que nos llamase el funcionario de turno (nada de letreros luminosos anunciando el siguiente en la lista, nos llamaban a grito pelado).

Componían la treintena de pacientes ciudadanos quince negros, una decena de hispanos, tres asiáticos, un gringo, y el que esto escribe. Por puras matemáticas me queda poco tiempo en las filas del paro.

Durante la espera se puso a hablar conmigo (aquí es de lo más natural) un ciudadano anónimo que, al ver mi pasaporte español, me comenzó a preguntar las más peregrinas cuestiones: el precio de un billete de avión a España, qué es un visado, o qué hacía yo allí.

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